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Te damos la más cordial bienvenida a esta bitácora, dedicada a la Santísima Virgen María de Coromoto, Patrona de Venezuela, y a Su Divino Hijo Nuestro Señor Jesucristo Realmente Presente en el Santísimo y Divinísimo Sacramento del Altar en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Te pedimos que te unas a nuestra cadena de oración permanente, con oraciones, rosarios, misas, meditaciones, ayunos, etc., lo que desees y puedas hacer, por nosotros, por ti y tus necesidades y angustias, y sobre todas las cosas, por la paz del mundo entero, la paz de tu país y la paz de Venezuela. Siempre tengamos presente dar las gracias a Dios, porque es Él la Fuente Inagotable de todos los milagros...
Los amigos de Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela

martes, 11 de septiembre de 2012

Homilía de S.E.Cardenal Urosa Savino en el Santuario Nacional Basílica Menor de Ntra. Sra. de Coromoto, Guanare del 8 de septiembre de 2012

Cuando la Virgen se apareció ante el cacique Coromoto, de la tribu de los indígenas Cospes en 1652, fue para ofrendar Su Milagrosa imagen como prenda de Amor, Fe y Esperanza para toda Venezuela. Aquí se revela el mensaje de la Virgen de Coromoto, recogemos diversas oraciones y plegarias, así como se publican sus portentos y milagros, e igualmente buscamos difundir y dar a conocer su extraordinario patrimonio, entre obras de arte y arquitectónicas, para mayor honor y gloria de Dios y de Su Santísima Madre, María de Coromoto, Celestial Patrona de Venezuela y de los venezolanos.


El sábado 8 de septiembre del presente año 2012, ante la Patrona de Venezuela, el Cardenal Jorge Urosa Savino llamó a los jóvenes a enfrentar la amenaza del secularismo,  la indiferencia religiosa y la cultura de la muerte, presentes hoy en Venezuela. ” Traicionamos a Cristo, negamos nuestra fe,  si lo reducimos  a una especie de promotor de cualquier sistema sociopolítico”…

360 AÑOS DE LA APARICION
DE  NUESTRA SEÑORA DE COROMOTO,

Homilía en la Celebración Eucarística de la Solemnidad de la Aparición de la Virgen
 Basílica de Ntra. Sra. de Coromoto, Guanare,
8 de septiembre de 2012
+Jorge Urosa Savino, Cardenal Arzobispo de Caracas

¡Qué alegría estar hoy, esta mañana, en este bellísimo Santuario nacional y Basílica de Nuestra Señora de Coromoto! ¡Qué alegría festejar los 360 años de su maravillosa aparición a la familia del cacique de los cospes, en estas sabanas de Guanare!

Saludo con afecto a S.E. Mons. José de la TrinidadValera, Obispo de esta querida Diócesis coromotana, a quien agradezco haberme invitado para presidir esta sagrada celebración. Recuerdo también con cariño a S.E. Mons. José Sotero Valero Ruz, recientemente fallecido, abnegado y celoso Vº Obispo de Guanare, quien  sin duda está ya gozando de la gloria eterna en unión de Nuestra Madre amorosa, de los ángeles y los santos.

Doy gracias a Ustedes,  fieles de la Diócesisde Guanare y de muchas otras partes del país, presentes aquí sin distinción de clases ni de preferencias políticas,  en homenaje de amor filial y confiada súplica a Nuestra Madre amorosa por tantas necesidades, materiales y espirituales, personales y nacionales.  Gracias, muchas gracias por estar aquí, unidos como hermanos, a los pies de María de Coromoto, Madre de Dios y Madre nuestra.

LA COROMOTO

Celebramos este significativo aniversario de las apariciones de María Santísima al pueblo venezolano en estas tierras benditas. Ella, la Llena de Gracia sin pecado original concebida, y colmada de dichas  por la fe que vivió; ella, la Madre Virgen que quiso siempre cumplir la Palabra del Señor, y  estuvo al pie de la cruz acompañando a su Divino Hijo; ella, que fue asunta al Cielo en cuerpo y alma, y reina gloriosa al lado de Cristo, fue enviada por Dios a nuestra querida Venezuela como Misionera de Salvación, como Estrella de nuestra evangelización. El año de 1652, cuando tuvo lugar  la aparición de María Santísima en las sabanas de Guanare, es sin duda un momento estelar en la vida de la Iglesia en Venezuela. Aquella incipiente  Iglesia recibía la espléndida visita de María. Ella vino para indicarnos el sendero de la vida,  de la justicia y de la paz: la fe en Cristo, verdadero camino de la realización humana, de la fraternidad y de la convivencia social, de la salvación y de la felicidad en esta vida  y en la vida eterna.

Las apariciones de la Coromoto son una muestra indudable del amor de Dios a nuestro pueblo venezolano. Son también  un motivo para que nosotros, los fieles católicos, tengamos una inmensa confianza en la maternal intercesión de María,  y sintamos hacia ella  una profunda e intensa devoción. La reliquia y la imagen de la venerada reliquia dela Coromoto la muestran sentada en un trono, coronada como Reina. y al Niño Jesús coronado como Rey y sentado en su regazo, también con la mirada al frente, quien sostiene el orbe en su mano izquierda y con la mano derecha levantada hace el gesto de bendecir.

Se muestra así  la Centralidad y el Señorío Universal de Cristo y la Maternidad divina de Nuestra Señora. Por otra parte, el mensaje coromotano  manifiesta el designio divino de hermanar a hombres y mujeres procedentes de pueblos étnicamente diversos, al llamarlos a ser hijos de Dios por medio del Sacramento del Bautismo. ¡Demos gracias al Señor, mis queridos hermanos! Demos gracias al Señor por habernos concedido esa maravillosa visita, esas apariciones a nuestros antepasados, y esta devoción que palpita en nuestros corazones a Nuestra Madre amorosa de Coromoto.

Ahora bien: recordemos que la verdadera  devoción a la Virgen  se  debe manifestar en la vida diaria en la imitación  del ejemplo de María,  de aquella Virgen Madre que nos indica precisamente el camino a seguir: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”;  obedeciendo a María que en las Bodas de Caná  nos dijo a todos: "Hagan lo que El les diga”.  Si queremos alcanzar  la vida plena, la salvación y  la felicidad  hemos de imitar a María  en el hogar y en la convivencia social, en el cumplimiento de la Palabra de Dios, de los consejos evangélicos, de los 10 mandamientos, que son, para todos nosotros, senderos hacia la vida eterna y hacia la paz y la felicidad. ¡Imitemos  a la Virgen María en el seguimiento de Jesucristo!

SEGUIR A JESUCRISTO

Y es bueno que nos respondamos aquí esta pregunta: ¿Por qué debemos seguir a Jesucristo? Y que la respondamos con el Credo.  Él es Dios hecho hombre, que murió y resucitó para darnos vida, que está sentado a la derecha del Padre, que reina glorioso en el Cielo, y que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Nuestra fe cristiana y católica,  la fe que la Coromoto nos invita a seguir, tal como invitó al cacique y a su familia, está centrada en Jesús, que es el Camino, la Verdad y la Vida, la Luz del mundo, el Salvador,  la Resurrección y la Vida, la Fuente auténtica de la Felicidad.

Jesucristo es mucho más que  un  hombre extraordinario o  un gran profeta; no es un líder político o  un potentado de este mundo. Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, es Dios, “Dios de Dios y Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero”, como rezamos en el Credo.  Él no es ningún líder político, ningún rey de este mundo, sino el Rey de “la Verdad y de la Vida, de la Santidad y de la Gracia, de la Justicia, del Amor y de  la Paz”.  Él no puede ser encerrado a una parcialidad o a una ideología, pues es el Hijo de Dios hecho hombre que ha venido a mostrarnos que “Dios es amor”, que exige que lo sigamos para tener vida, que vino a indicarnos el camino de de la vivencia de la fe, de la esperanza y  de la caridad, viviendo en respuesta a la inmensa magnanimidad y bondad de Dios.  Traicionamos a Cristo, negamos nuestra fe,  si lo reducimos  a una especie de promotor de cualquier sistema sociopolítico

¡Reafirmemos en esta celebración, unidos a  la Virgen de Coromoto, nuestra fe en Jesucristo, nuestra fe en Dios Uno y Trino, y   nuestra gloriosa condición católica! ¡Qué grande es ser, como de hecho lo somos, hijos de Dios, discípulos de Jesucristo y con la Virgen María, miembros de nuestra Santa Iglesia Católica! Por todo ello, ¡demos gracias a Dios!

VIVIR NUESTRA FE

Tenemos  el don de la fe. Pero vivir nuestra fe comporta ser fieles al Señor, y cumplir su palabra.  Ser católicos implica afrontar los retos que se presentan a nuestra fe.  Y quiero aquí invitarlos a superar  algunos de esos retos con actitudes  realmente cristianas.

El reto de la indiferencia religiosa

En primer lugar: El secularismo, la confusión y la indiferencia religiosa presentes hoy en Venezuela. Ante esas tentaciones y amenazas es necesario que los cristianos  sintamos conciencia y alegría, santo orgullo de creer en Jesucristo. Y creer en Él  significa  asumir la práctica religiosa, intensificar y ser constantes en nuestra práctica religiosa, especialmente la participación en la Santa Misa,  participando todos los domingos y fiestas de guardar en la Eucaristía dominical. No basta con participar hoy en esta fiesta de la aparición de la Coromoto. Es preciso que proclamemos y celebramos nuestra fe  todos los domingos, que son precisamente la fiesta de Cristo resucitado. Es preciso, por lo tanto,  ser firmes en nuestra fe y practicarla, vivir en constante unión con Dios, que está siempre a nuestro lado, y que quiere tener un lugar privilegiado en nuestros corazones.

El reto de la violencia y la anticultura de la muerte

En segundo lugar: nos desafía el desprecio a la vida humana en muchos sentidos. Y nosotros respondemos a ese reto de la anticultura de la muerte  con  el respeto a la gente, a la vida humana, a cada persona,  desde su concepción hasta la muerte natural. Nos dijo el Papa Juan Pablo II  en su encuentro con los jóvenes venezolanos en 1996: “abrir las puertas a Cristo significa anunciar, celebrar y preservar el don de la vida” .

Cada uno de nosotros, queridos hermanos  tiene unos derechos inalienables. Y el más importante es el derecho a la vida. Pero además, Jesús nos ordena amarnos los unos a los otros. Por ello rechazamos toda violencia, física, verbal, política, social, económica. Por eso rechazamos el aborto, que es un crimen abominable en contra de un ser humano en el vientre de su madre, indefenso e inocente de toda culpa. Y por eso rechazamos la droga,  el secuestro, el homicidio, el robo, la violencia criminal que está cegando cada año millares de vidas, especialmente de nuestros jóvenes. Debemos siempre ser gente de paz, de convivencia, de respeto a los demás, sacando de nuestros corazones cualquier traza de egoísmo, de indiferencia, pero sobre todo, de rencor y de odio.

El reto del libertinaje afectivo sexual

Un tercer reto especialmente para los jóvenes y las mujeres, es  la tentación y  la amenaza del libertinaje afectivo-sexual. Pues bien: ante esa amenaza nosotros respondemos con el compromiso de  promover y fortalecer a la familia y de respetar a las personas, y con  la practica de de la castidad, en el cumplimiento del Sexto Mandamiento de la Ley de Dios.

Es preciso que promovamos la santidad de la familia, y  valoremos la unión conyugal cristiana, santificada por el mismo Jesús con el santo sacramento del matrimonio. Es preciso que rechacemos el relajo afectivo-sexual que tanto daño ha hecho y está haciendo en  nuestra patria;  que promovamos  la virtud de la castidad, que es el dominio de las pasiones y  respeto a la persona. Rechacemos el  ídolo del placer sexual, que sacrifica la familia, el respeto debido a la mujer, a los hijos, y que lleva a tantas tragedias.  Promovamos el respeto, el control personal. No se puede separar la actividad sexual del  verdadero amor, del matrimonio que da protección y estabilidad a los esposos y a los niños, de una familia estable, cariñosa y unida. La práctica sexual del cristiano debe ser expresión de un amor auténtico, y estar enmarcada en la familia unida para siempre, con respeto, cariño y fidelidad para toda la vida.

!Vivamos nuestra fe! Dejemos a un lado la indiferencia y la frialdad religiosa, dejemos a un lado la violencia y el odio, y el relajo afectivo sexual. Esa es la respuesta que debemos dar  al Señor, que tiene palabras de vida eterna y que nos lleva a la auténtica  felicidad.

INVITACIÓN AL SACERDOCIO Y A LA VIDA CONSAGRADA

En esta celebración tan bella, quiero invitar  a los jóvenes aquí presentes a que consideren ante el Señor la posibilidad de seguir a Jesucristo como sacerdotes, o religiosos o religiosas. La existencia de quien se consagra a Dios para llevar la luz de la  vida a tanta gente que vive en tinieblas  una vida hermosísima. Es una existencia dedicada siempre a hacer el bien, a ser instrumentos de paz, embajadores de Cristo, promotores de la vida y de la felicidad. Y a quienes sientan ese llamado, los invito a ser valientes y generosos, pues Jesús nos dice que quien deja todo por seguirlo, tendrá “el ciento por uno en esta vida, y luego la vida eterna” (Cfr. Mt. 19,29).

CONCLUSIÓN

Con alegría y profundo fervor exclamemos una vez más: ¡Salve Aurora Jubilosa, de una Patria soberana!  ¡Salve, Virgen de los llanos! Acudimos a Ti hoy para reafirmar nuestra fe en Jesucristo, como pediste al pueblo venezolano en 1652. ¡Salve, gloriosa Virgen María de Coromoto, Madre de Dios y Madre nuestra!

Contigo reafirmamos, ¡oh Madre de Dios y Madre nuestra!, la alegría de ser hijos de Dios, discípulos de Jesucristo y miembros de nuestra santa Iglesia Católica. Creemos  que Dios es amor, que estamos llamados a la vida sobrenatural y a la felicidad eterna; que somos hermanos y debemos vivir en el amor, practicando los Mandamientos de la Ley de Dios y practicando las virtudes cristianas; reafirmamos nuestra voluntad de trabajar por la paz y por la vida, promoviendo siempre la libertad,  la justicia y la solidaridad.

Aquí en tu Santuario reafirmamos hoy  nuestra devoción filial, nuestro deseo de imitarte, de seguir  a Jesús en el cumplimiento de los Diez Mandamientos de la Leyde Dios. !Virgen de Coromoto!: cerca ya de las elecciones presidenciales, te pedimos por nuestra querida Venezuela, para que resolvamos nuestros conflictos pacíficamente. Te pedimos que nos ayudes a vivir nuestra fe, a ser fieles en la práctica religiosa, a promover y defender con valentía la vida humana, y a fortalecer la familia cristiana, para anunciar así que Jesucristo es nuestro Dios, “el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6), el único Salvador, a quien sea el honor, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos, Amén.-



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