
La primera se llamará "Un millón de niños rezando el Rosario". Consistirá en que los niños de todas las escuelas del país recen el Santo Rosario el jueves 18 de octubre a las 9:00 de la mañana. El segundo evento, será una misa en Guanare con motivo de la elevación del Santuario Nacional de la Virgen de Coromoto como Basílica Menor por parte de Su Santidad el Papa Benedicto XVI, desde Roma. Eso será el sábado 20 de octubre a las 10:00 de la mañana. Y la tercera actividad es la celebración del Día Nacional de la Oración, el 28 de octubre. Ese día la Iglesia llamará a todos los católicos a ponerse en oración en el lugar en el que estén.
El Señor se conmueve si nosotros nos conmovemos y no hay imposibilidades que Él en Su Divina Misericordia pueda resolver. Su Palabra nos dice: “Humillaos bajo la mano poderosa del Señor y Él os exaltará”. Primero relatemos la perspectiva histórica: en mayo de 1940, la situación política y militar en Europa era catastrófica. Siete años antes, Adolfo Hitler había asumido pleno control en Alemania e inmediatamente se dispuso a rearmar su belicosa nación. El 1º. de septiembre de 1939, invadió a Polonia y vertió su furia sobre las naciones de Europa occidental. El “relámpago guerrero” de Hitler rugió casi sin oposición en Noruega, Dinamarca, Holanda, Luxemburgo y Bélgica, humillando luego al poderío francés en casi 40 días. Alrededor de 500 mil hombres de las tropas británicas y francesas fueron atrapados en un enclave costero francés llamado Dunkerque, donde se enfrentaban a una inminente aniquilación. Es difícil comprender el pánico que amedrentaba a naciones pacíficas como lo era Gran Bretaña. El Primer Ministro Neville Chamberlain (quien dimitió en mayo de 1940, siendo reemplazado por Wiston Churchill) y otros líderes políticos se atemorizaban ante la idea de que este desquiciado alemán y sus secuaces no solo habían esclavizado y sometido la mayor parte de Europa en un año, sino que ellos serían el próximo blanco a la vista. El Führer nunca se había acercado tanto a esa victoria como lo fue en esos cinco días, del 24 al 28 de mayo de 1940.El Presidente norteamericano F. Roosevelt llegó a temer la posibilidad de que los ingleses le cedieran en rendición la gran flota de la nación británica a cambio de algunas concesiones. Si los británicos se hubieran rendido sin resistencia, lo cual era plausible es esos tormentosos días, el reinado de terror nazi con toda posibilidad hubiera continuado por décadas. Millones de más “indeseables” judíos, gitanos, polacos, católicos y otros veían la posibilidad de pasar por las cámaras de gases o fusilados y los cientos de años de historia británica hubieran bajado el telón con un fin poco glorioso.
Venezuela, pidiéndole a nuestro Señor que mueva su mano y nos ayude a unirnos para clamar por la salida a los problemas sociales y políticos que acucian a nuestro país. Si no se pudiese conseguir un consenso al pasar este relato para animar nuestra fe y clamar al Señor, ora personalmente por el bien de nuestro país no solamente ese día, sino todos los días. Si no puedes cumplir con un día, dedica una hora de tu ocupado tiempo para orar en tu escuela, en tu oficina, en tu lugar de trabajo, en tu casa. Si puedes reunirte en tu iglesia, sin dar lugar a dogmas y otras actitudes separatistas, hazlo con la sola idea de orar y pedirle a Dios, Nuestro Amado Padre, que nos saque milagrosamente de este hueco en el que estamos metidos. La oración no es lo mínimo que podamos hacer, es lo máximo. Anima a otros a hacerlo y juntos podemos ser partícipes de la mayor fuerza que existe, la mano que mueve el universo.
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, Madre de Coromoto, Patrona de Venezuela, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han recurrido a tu protección, implorando tu asistencia, clamado a tu socorro, haya sido desasistido y desamparado de ti. Por eso, y animado con esa confianza, a ti acudo, oh, Virgen de las Vírgenes y Madre mía amorosísima, trite y pecador, y me postro a tus pies. No desoigas mis súplicas, antes bien acógelas benignamente, y atiéndelas favorablemente. Amén





















